La política también tiene chistes: Descubre cómo el humor juega un papel crucial en las campañas electorales

En la política, el humor tiene una importancia crucial, ya que su incorporación estratégica permite que el político pueda ser humanizado y, por ende, acercado más fácilmente a los electores.

La cercanía de un candidato es la solución al problema de una imagen distante, que impide que el elector lo considere como su vocero natural. Cuando se usa el humor de forma estratégica en la imagen y narrativa de un político, este se vuelve más accesible a los votantes.

Igualmente, en el marco de la construcción de una narrativa que logre enganchar emocionalmente a los segmentos electorales, el humor es clave, porque facilita que los relatos políticos sean más perdurables en la mente del elector.

En este artículo, vamos a conocer un poco más del uso del humor como herramienta estratégica en las campañas electorales. Por ello, se abordarán temas como el humor como arma de campaña electoral, el humor como recurso de la narrativa estratégica, el humor como arma contra los adversarios y el humor como herramienta de participación ciudadana.

El humor como arma de campaña electoral

La razón por la cual la sátira política es un género que no pasa de moda es que el humor está inmerso en el imaginario colectivo de todas las sociedades.

Aquella imagen de la política vendida como un hecho totalmente serio y contrario al humor quedó en el pasado, cuando los regímenes totalitarios eran la forma de gobierno predominante. Una vez que la Democracia se consolidó como la forma de gobierno hegemónica, la necesidad de acercar a los políticos a los electores se convirtió en uno de los objetivos de toda campaña electoral, por el simple hecho de que nadie vota por un político que se considera deshumanizado.

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Muy pocos políticos exitosos han prescindido del humor como arma privilegiada para humanizar su imagen. En el mundo anglosajón, es común ver un chiste inicial de casi cualquier político antes de emitir un mensaje a sus seguidores. Esto se ha recogido en numerosas películas de Hollywood, en las cuales el líder o candidato político hace algún chiste sobre alguna persona presente o incluso sobre sí mismo.

Casi al mismo tiempo que surge la necesidad de mostrar al político como un ser humano común, como comer o bailar, está el hecho de hacerlo reír o, mejor aún, provocar risas en las audiencias.

La facilidad que tenga el político de usar el humor será crucial para mejorar su imagen. Atrás quedaron los políticos enmarcados en la seriedad a ultranza. Todo esto se debe a que el ser humano libera un cóctel de hormonas y neurotransmisores cuando se ríe. Entre ellas, cabe mencionar la dopamina, que ha sido vinculada con la recompensa y es capaz de generar un estado placentero en los sujetos, pero sobre todo es reguladora en el proceso de la plasticidad cerebral, condición que permite moldear los aprendizajes sociales y, por ende, políticos de los individuos.

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Además de la dopamina, existen las endorfinas, que son hormonas que permiten la sensación de calma y bienestar. Por lo tanto, un político capaz de propiciar la risa es un candidato que puede fácilmente vender una idea de bienestar a los electores. En este aspecto, no se trata de cargas ideológicas propias de las campañas políticas tradicionales, sino de alcanzar una imagen carismática, capaz de transmitir un sentido de bienestar, que es muy difícil de desmontar por los adversarios.

El humor como recurso de la narrativa estratégica

La comunicación política se basa en la narrativa estratégica, que es la encargada de producir emociones en los electores. Por ello, un recurso que permite que los relatos sean perdurables es clave. Esto hace del humor una de las mejores opciones cuando se trata de vender una candidatura que logre la identificación de los electores.

La narrativa estratégica debe ser capaz de crear identidad y cohesión entre los electores y el candidato. El humor facilita la construcción de este vínculo por medio de la oxitocina, un neurotransmisor que se genera con la risa y que es responsable de la creación de lazos sociales y conexión entre las personas.

Si a esto le sumamos que la narrativa estratégica puede desarrollarse a través de las redes sociales, tenemos entonces la posibilidad de crear contenidos cargados de humor en estas plataformas, que, dicho sea de paso, producen la mencionada dopamina que, junto con la oxitocina, son la combinación perfecta para que las campañas políticas puedan generar vínculos sólidos con los segmentos electorales a los cuales se dirige el mensaje.

En este sentido, el humor es un recurso natural para romper el hielo e introducir los objetivos de la campaña en forma de relatos bien construidos.

Por ejemplo, una narrativa estratégica que plantea vender a un candidato de oposición como el héroe que debe vencer a un adversario en el gobierno, establece que el objetivo es representar a este adversario con una serie de antivalores que mueven la indignación como emoción central.

En este caso, el humor entra como el recurso ideal, ya que permite usar desde la ironía hasta las parodias para representar al adversario como un villano que debe ser enfrentado por el elector, quien, en el relato inicial, estaba sometido a su poder. Pero al ser ridiculizado, este adversario deja de existir como tal en la mente del elector, a quien se le crea una vinculación social con todos los que sienten la misma emoción por el candidato contrario.

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El humor como arma contra los adversarios

El humor puede ser una poderosa herramienta para desacreditar a los adversarios políticos. Su principal ventaja radica en la capacidad de generar risa, lo que permite desmitificar al oponente y exponerlo como un elemento vulnerable. Esto se puede lograr a través de relatos que describan de forma humorística los errores y desaciertos del adversario.

El uso del humor en la política es tan viejo como el género de la caricatura política que aparecía en la prensa escrita, y que ahora fue sustituida por el meme de las redes sociales, cuya principal función táctica es ridiculizar al adversario o una situación provocada por el adversario, al punto de generar las risas y con ella todos los procesos neuronales y mentales que ella conlleva.

En este sentido, el humor permite hacer uso de herramientas como la sátira para exponer de manera jocosa los grandes errores del oponente. Asimismo, el uso de la ironía en el discurso puede ser una forma eficaz de resaltar que el adversario es una opción cargada de desaciertos, descalificándolo como una alternativa viable.

Otro aspecto importante del humor como arma contra los adversarios es su capacidad para vencer el miedo que algunos sectores puedan sentir hacia el rival político. Cuando un segmento electoral está sometido al miedo y el terror, la reacción típica es abstenerse de participar por temor a ser catalogado como opositor. Sin embargo, cuando el humor logra provocar la risa en torno a las prácticas y conductas del adversario, ese miedo paralizante puede ser vencido, permitiendo que los votantes se vinculen con la estrategia política planteada.

El humor también puede utilizar la parodia para afectar la imagen del adversario, resaltando tanto sus debilidades personales como las debilidades de su narrativa y comportamiento. Los relatos capaces de crear parodias sobre el oponente pueden resultar útiles para representarlo como el «villano» que debe ser vencido en las urnas.

No obstante, es importante tener en cuenta que el uso del humor contra los adversarios políticos debe evitar caer en sesgos discriminatorios, ya que esto podría permitir la victimización del oponente y, en consecuencia, la construcción de un relato de «héroe» que enfrenta una «burla injusta».

Cabe destacar que el humor también puede ayudar a desmovilizar a los segmentos electorales del adversario, logrando que estos se desmoralicen y decidan no votar. Esto ha ocurrido en algunos casos, como en Venezuela, donde diversas campañas de la oposición han utilizado la sátira y la parodia contra Nicolás Maduro, lo que ha contribuido, entre otros factores, a la disminución del caudal electoral del chavismo.

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El humor como herramienta de participación ciudadana

El humor no solo ayuda a reforzar una narrativa estratégica centrada en emociones positivas como la alegría y el amor, sino también como parte de una narrativa centrada en la indignación frente a la situación política propuesta o representada por el adversario.

Para ello, el humor puede provocar la risa y, como ya se ha comentado, facilitar que los sujetos de un segmento electoral se vinculen con el candidato, pero también que se vinculen entre ellos y, por ende, se motiven a participar en la contienda electoral.

Humor en la política: La clave para conectar y ganar votantes

Las candidaturas capaces de identificar los factores y temas que motivan y movilizan a sus electores pueden hacer uso del humor para impulsar la participación, logrando así vencer a su favor a la abstención.

El humor puede ser una herramienta efectiva para fomentar el compromiso y la participación ciudadana en los procesos electorales. Cuando se utiliza de manera estratégica, el humor permite que los votantes se sientan más identificados con el candidato y sus propuestas, y los motiva a involucrarse activamente en el proceso político.

Asimismo, el humor puede ser una forma de acercar la política a los ciudadanos, haciéndola más accesible y menos intimidante. Esto es especialmente relevante en contextos donde la política puede ser percibida como algo distante y alejado de la realidad cotidiana de las personas. Me viene a la cabeza el ejemplo de la campaña presidencial de 2018 en Costa Rica: ¿Puede la Política entrar en las casas? La comunicación disruptiva de Edgardo Araya y su Tinder.

En resumen, el humor se presenta como una herramienta valiosa para promover la participación ciudadana en las campañas electorales. Al generar emociones positivas y vínculos entre los votantes y los candidatos, el humor puede ser un elemento clave en la movilización y el compromiso de los electores.

Una síntesis del humor y la política

Si creías que el humor y la política no tenían nada en común tenías una visión equivocada. Ambos, el humor y la política, tienen en común que son cosas muy serias y como tales encajan perfectamente en una campaña electoral.

En este día...


Ramón

Apasionado del Conocimiento Libre y de las personas. Autor de Software Libre y Comunicación

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