Morena, rasgos y liderazgo de un partido personalista y carismático

Morena 2024, la prueba de fuego para AMLO

El próximo 2 de junio de 2024 los y las mexicanas tienen una cita para elegir el próximo presidente de la nación. Más allá de ser una típica elección que permita el cambio de mando del país, esta es una fecha clave, en la que el proyecto político de Manuel López Obrador (AMLO) y su partido político, Morena, se jugarán la continuidad de la cuarta transformación como le ha denominado el actual mandatario a su hoja de ruta en la presidencia.

Tras cuatro años de gobierno, Morena, la organización política que le permitió a AMLO llegar al poder. Y con la que hoy se postula para darle continuidad a su legado, es uno de los partidos con más fuerza electoral de México. ¿Qué hay detrás de esta formación política y cómo fue que pasó de ser una asociación civil a disputarle toda la fuerza a los partidos tradicionales, convirtiéndose hoy en una de las organizaciones políticas más representativas del país azteca? Espero trasladarte aquí las claves de dicha transformación y logro.

Origen de Morena

El surgimiento de Morena, siglas del Movimiento de Regeneración Nacional, no hubiera sido posible sin la figura de Andrés Manuel López Obrador (AMLO). Ya de entrada esta característica marca una serie de rasgos y de liderazgo que analizaremos más adelante. No obstante, lo que sí podemos adelantar desde ya, es que Morena es uno de esos partidos personalistas donde la figura de un líder en particular es decisiva en el rumbo y trayectoria de la organización, aspecto que se ve hasta día de hoy.

Aunque Morena se conformó oficialmente en 2014, sus antecedentes como organización política pueden ubicarse tanto en los comicios presidenciales de 2006 como de 2012. Para el primer caso, AMLO participó como candidato por el Partido Revolución Democrática (PRD), una organización de confluencias de izquierda, y a quien López Obrador presidió entre 1996 y 1999. No obstante, tras denunciar irregularidades en la elección decidió conformar su propio movimiento social. Desde su constitución como movimiento, Obrador ya se planteaba causas como la defensa del petróleo y la soberanía nacional. Y dentro de sus principales objetivos figuraba la construcción de un nuevo pacto social alrededor de la constitución y las leyes.

De movimiento social a partido del Lopezobradorismo

Pese a crearse bajo la figura de movimiento social, el perfil de su principal líder, López Obrador, anticipaba que se trataba también de una organización con aspiraciones electorales. Muestra de ello es que, en las elecciones del año 2012, pese a no poder conformarse legalmente como partido. AMLO inició toda una estrategia de fortalecimiento y representatividad a través de diversos sectores. De este modo, no sólo impulsó comités municipales y seccionales. Sino también otros grupos según estrato social y cultural que favorecieran un mayor peso electoral. Gracias a esto fue posible la conformación de estructuras organizacionales internas como Morenaje (organización nacional de jóvenes), Morena cultura, Morena laboral o Morena verde. Bajo las cuales se aglutinaron colectivos como trabajadores, intelectuales, artistas, ambientalistas, entre otros. Con el fin de alentar la participación de estos diversos sectores en favor de la propuesta de López Obrador.

De movimiento social a partido del Lopezobradorismo

Con toda esa base social de apoyo fue que AMLO se lanzó a la candidatura de 2012 y se convirtió en el representante de todos los partidos y movimientos de izquierda de México para dichos comicios. Aunque los resultados dieron como ganador al priista Enrique Peña Nieto, mientras que AMLO ocupó el segundo lugar con un 31% de los votos. Este hecho marcó el punto de inflexión definitivo que daría paso a la conformación de Morena como partido político. Irregularidades en las elecciones, resultados cuestionables, así como una serie de diferencias entre AMLO y las demás fuerzas de izquierda del momento, llevaron finalmente al líder de Morena a oficializar su estatus como partido político en el año 2014.

El crecimiento de Morena

Tras obtener su registro como partido, Morena decidió competir en las elecciones federales de 2015, en las que logró obtener una votación del 8.87% equivalente a 3,345,712. Y correspondiente a 35 escaños en el congreso. Además, logró ganar 18 distritos electorales en la Ciudad de México, convirtiéndose así en la primera fuerza de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal y en la cuarta fuerza política a nivel nacional. Algo para nada despreciable si consideramos que era su debut como partido político. Esta prometedora fuerza ser reproduciría exponencialmente para las elecciones del 2018 en las que Morena dio una contundente sorpresa, transformando el mapa político de México.

En estas elecciones AMLO no sólo logró el 54% de los votos, es decir, algo sin precedentes. Sino que su partido, junto con sus aliados de coalición, coparon la mayoría absoluta de la Cámara de Diputados con más de la mitad de los escaños. Así como a una mayoría bastante significativa en el Senado.

El éxito rotundo de Morena en estas elecciones significó un cambio rotundo en la política del país azteca, marcado por la hegemonía de partidos tradicionales. El crecimiento de Morena no paró ahí, ya que en las elecciones de 2021 volvió a repetir como partido más votado, alcanzando de nuevo la mayoría tanto en cámara como en senado. Sin contar con que, en relativo corto tiempo ha logrado llegar a gobernar 20 de los 32 estados de la república. Como hemos visto, la historia de Morena ha estado atravesada indudablemente por la figura de AMLO, ¿cuáles son las claves de su liderazgo para lograr catapultar de esta manera lo que era simplemente un movimiento político a una gran máquina política y electoral?

La fuerza del liderazgo lopezobradorista

La fuerza del liderazgo de AMLO y por ende de Morena no puede ser explicada sin considerar algunos de los rasgos de la cultura política mexicana. Uno de ellos tiene que ver con la fuerte tradición nacional con gran arraigo en el imaginario popular. Algo que está de algún modo vinculado con la herencia revolucionaria y posrevolucionaria de la nación mexicana. Y cuyas banderas se encuentran aún vigentes si consideramos el camino de corrupción y neo liberalización tomado por los partidos tradicionalmente en el poder.

Lo que hace justamente AMLO en este escenario, es irrumpir como un líder con un gran poder carismático capaz de enarbolar dichas banderas. Así como de conectar y movilizar los sectores más populares y olvidados por décadas de gobiernos plutocráticos. Con mensajes y frases tan características como su siempre: «Primero los pobres». Aunque se inició en uno de esos partidos tradicionales (PRI), rápidamente fue desmarcándose de sus legados. Construyendo así su propio imaginario y carrera política, basado primero, en una fuerte idea de nación independiente y soberana de los designios imperiales.

Segundo, en la construcción de un nuevo pacto social centrado en el bienestar y necesidades más urgentes de los sectores vulnerables. Y tercero, en la lucha frontal contra la corrupción, la austeridad gubernamental y una nueva política de soberanía nacional y energética. A este proyecto político con gran potencial de identidad en las masas, hay que sumarle un fuerte liderazgo personalista y carismático, junto con un gran poder de convocatoria y movilización de diversos grupos. Ya sólo los sectores populares, sino también de otros que podrían considerarse apolíticos u outsiders, por ejemplo, jóvenes, intelectuales, sectores culturales, ambientalistas, entre otros.

La fuerza del liderazgo lopezobradorista

¿Populista o carismático?

Cuando hablamos de un liderazgo carismático nos referimos a ese poder simbólico, discursivo e identitario centrado en un solo individuo. Cuya personalidad, cualidades comunicativas, seguridad, conocimiento y manejo de las emociones, permiten capturar y atraer un gran número de personas y grupos sociales en torno a una misma idea o proyecto sociopolítico.

Todo esto y más es lo que ha sido AMLO tanto para Morena como para el México actual. De otro lado hay quienes para explicar este éxito político electoral aluden a la fuerza de un liderazgo de tinte populista (Bolívar, 2017). Es decir, aquel en el cual el pueblo se identifica con la figura del líder porque lo considera su igual, alguien que ha vivido en carne propia sus problemas y dificultades. En consecuencia, lo siguen y lo defienden de sus opositores y colabora sin miramientos al proyecto común, una nación basada en la soberanía y la justicia social.

Morena y el reto 2024

Populista o no, lo cierto es que AMLO supo llegar de manera eficaz a todos los rincones de México, realizando un arduo trabajo de base y articulando a Morena de forma bastante acertada a cada uno de los liderazgos locales como ningún otro candidato en la historia reciente. Al mismo tiempo, la politización de la clase popular y la vinculación de sectores que, hasta la llegada de Morena, podría decirse, estaban fuera de la política, fue lo que sin duda catapultó el éxito electoral obtenido hasta el momento.

Con todo, se trata entonces de lo que se conoce como un partido eminentemente personalista donde los rasgos de su líder, las decisiones que éste encamina y las estrategias políticas y electorales son el eje angular de la organización. Y pese a existir órganos de decisión colectiva y otros liderazgos, hay que ver cómo lleva Morena el próximo relevo de liderazgo.

En este sentido, la coyuntura actual, que abre paso a una nueva cita electoral, se perfila como el escenario perfecto para medir qué tan fuerte puede ser Morena sin AMLO a la cabeza de la jefatura de gobierno. Y qué tan sólido es realmente su proyecto de nación. ¿Será el momento de Claudia?

En este día...


Ramón

Apasionado del Conocimiento Libre y de las personas. Autor de Software Libre y Comunicación

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