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Nueve herederos y ningún relato: el problema que el PRM todavía no quiere nombrar

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El PRM no tiene el problema de la Fuerza del Pueblo, un fundador que no se va. Tiene el contrario: un gobierno comunicativo que debe irse, y casi una decena de aspirantes que querrán heredarlo sin que ninguno haya construido todavía una historia propia.

En el anterior post sobre la política dominicana sostuve que la Fuerza del Pueblo enfrenta el dilema de transferir un mito fundacional mientras su autor sigue en el escenario. El Partido Revolucionario Moderno enfrenta el problema simétrico, y conviene verlos juntos porque se iluminan el uno al otro: si la FP tiene un líder que no puede dejar de ser candidato, el PRM tiene un presidente que no puede volver a serlo y casi una decena de dirigentes que aspiran a ocupar su lugar.

Visto desde fuera, el oficialismo parece tenerlo todo ordenado. Primarias con padrón cerrado convocadas para 2027, un calendario claro, un presidente que conduce el proceso desde arriba y unos números de gestión que la oposición envidia. Orden no es lo mismo que facilidad. Porque administrar una sucesión sin fracturas, que es como la propia prensa dominicana ha bautizado el desafío del PRM, no es un problema logístico. Es un problema de relato. Y es, en rigor, más difícil que el de la FP.

Suceder al éxito es más difícil que suceder al fracaso

Empecemos por desmontar la intuición cómoda. Se suele pensar que un oficialismo exitoso tiene la sucesión resuelta: basta con prometer continuidad. Es exactamente al revés.

Del fracaso te diferencias; del éxito, no puedes. Cuando un gobierno termina mal, su sucesor, incluso dentro del mismo partido, tiene una historia obvia que contar: yo soy lo distinto, yo corrijo. El relato se construye solo, por contraste. Pero cuando un gobierno termina bien, el sucesor queda atrapado en una trampa: si promete continuidad, no es más que una nota al pie del presidente que se va; y si promete cambio, está desautorizando la obra que dice querer heredar. Esa es la pinza en la que va a entrar, tarde o temprano, quien gane la nominación del PRM.

La continuidad, además, es un activo que no le pertenece a ninguno de los aspirantes. Le pertenece al que se va. Los nueve pueden invocarla, pero ninguno puede apropiársela, porque el crédito de la gestión tiene un solo dueño y no está en la boleta de 2028. El oficialismo no se rompe por falta de votos. Se rompe por exceso de herederos que reclaman una herencia que no es de ninguno.

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Ganar la primaria no es tener un relato

Las encuestas internas dan hoy una ventaja clara a una de las figuras del oficialismo, con la alcaldesa de la capital en un segundo lugar consistente y el resto del campo más atrás. Es un dato real y conviene no minimizarlo. Pero conviene todavía más entender qué mide y qué no mide.

Lo que mide es preferencia dentro de un electorado que ya es del PRM: el simpatizante que evalúa cuál de los suyos le gusta más. Lo que no mide es capacidad de construir un relato propio frente al país entero, que es otra cosa y se juega en otro terreno. Ganar una primaria te da la candidatura. Tener un relato te da la elección. Y son conquistas distintas, que no siempre coinciden en la misma persona.

El favorito del PRM llega fuerte en percepción de gestión, ha gestionado bien un área visible y eso se nota en los números. Pero la percepción de buen gestor, sin un relato que la trascienda, tiene un techo previsible: te convierte en el mejor administrador de la herencia, no en el protagonista de un proyecto. Y «mejor administrador de lo que ya existe» es una propuesta que no moviliza al único votante que de verdad está en juego en 2028: ese 23,5% que ya no simpatiza con ningún partido y que no busca quién continúe el presente, sino quién le cuente el futuro.

Continuidad contra futuro

Aquí es donde el dilema del PRM y el de la FP se cruzan, y por eso había que leerlos juntos.

Si la oposición logra ordenar su oferta detrás de una figura que venda futuro, y el votante sin ancla está, por definición, disponible para esa historia, el oficialismo llegará a 2028 con un candidato que vende continuidad. Continuidad contra futuro es un duelo desigual cuando casi una cuarta parte del electorado ya decidió que el presente no le pertenece. No porque la gestión sea mala, sino porque la gente no vota agradecimiento: vota expectativa.

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El reto narrativo del PRM, entonces, no es defender el balance del Gobierno. Eso lo hará solo. El reto es que su candidato consiga ser, a la vez, hijo de una gestión exitosa y autor de una historia nueva. Las dos cosas. Un relato que diga «lo bueno sigue, y además viene esto otro que solo yo puedo traer». Sin esa segunda mitad, el oficialismo se presenta a 2028 como el pasado reciente compitiendo contra el porvenir. Y el porvenir, en política, gana casi siempre.

Dos activos, dos jaulas

El oficialismo tiene, en realidad, dos perfiles con materia prima para un relato propio, y cada uno carga su propia trampa.

El favorito tiene la gestión, que es el activo más sólido y el más fácil de volver jaula: si su única historia es «yo administro bien lo de Abinader», queda preso de un crédito ajeno. Su tarea es convertir la competencia técnica en visión, que es un salto que muchos buenos gestores no dan nunca.

La alcaldesa de la capital tiene dos activos de otra naturaleza: un apellido con historia propia en la política dominicana y el gobierno de la ciudad más visible del país. Pero ambos son también jaulas. El apellido arrastra un heterorrelato que ella no controla, y la capital es una vitrina donde cada problema urbano sin resolver se vuelve argumento de campaña en su contra. Como ya planteé en La batalla por las ciudades, gobernar la capital es la mejor plataforma y el peor escaparate al mismo tiempo: todo lo que funciona te proyecta, y todo lo que falla te persigue.

Ninguno de los dos activos se convierte en candidatura ganadora por sí solo. Se convierte mediante un trabajo deliberado de relato, hecho antes de la primaria, no después. Quien llegue a 2027 a construir su historia ya habrá llegado tarde.

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La fractura que se intenta evitar

Queda el riesgo que el propio PRM nombra y que da nombre a este texto: la fractura. Una primaria a casi diez bandas, con padrón cerrado, entre dirigentes que llevan años midiéndose y que ya han dejado ver diferencias difíciles de ocultar, es una operación de alto riesgo. La historia dominicana, y la de la región, está llena de oficialismos sólidos que empezaron a romperse exactamente el día que tocó decidir el relevo.

Nueve herederos y ningún relato: el problema que el PRM todavía no quiere nombrar

Y aquí está la paradoja que el PRM todavía no quiere mirar de frente: por evitar la fractura, el partido tiende a posponer la definición. Pero cada mes que se pospone es un mes que el eventual candidato no tiene para construir su relato propio frente al país. Se optimiza la paz interna al precio de la identidad externa. Se llega entero a la primaria y hueco a la general.

Administrar la sucesión sin fracturas no es solo no pelearse. Es decidir a tiempo qué historia va a contar el que gane, para que gane contando algo más que el currículum del que se va.

El método antes que el calendario

Nada de esto se resuelve con una buena primaria ni con un buen spot. Se resuelve con un diagnóstico narrativo serio, hecho ahora, en el período silencioso. El PRM tiene los votos, la estructura y la gestión. Le falta lo más difícil de fabricar y lo único que no se hereda: una historia que sea del candidato y no del presidente que se va. El método antecede al milagro. Y esa historia se empieza a escribir ahora, antes de la primaria, antes de la campaña, antes de que la oposición termine de escribir la suya.

En este día...

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