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Paraguay ya votó las internas: lo que el 7 de junio reveló (y lo que cambia para octubre)

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En marzo escribí que las internas serían el primer test de fuerza real del ciclo. Ya se votaron. Y la respuesta fue más interesante de lo que casi nadie esperaba.


En marzo publiqué aquí un análisis sobre cómo se ganarían las municipales paraguayas de octubre y cómo el ciclo se jugaba antes de la campaña. Sostuve una tesis concreta: que las elecciones internas del 7 de junio no eran un trámite de selección de candidatos, sino el primer test de fuerza real entre facciones. Y advertí que quien las leyera solo como un paso administrativo cometería el error de siempre: confundir el tablero con la partida.

Ya se votaron. Y conviene volver sobre lo dicho, porque un pronóstico que nunca se contrasta con el resultado no es análisis: es horóscopo. El valor de una hipótesis no está en sonar bien en marzo, sino en sostenerse en junio.

Esto es lo que el 7 de junio reveló. Y reveló algo que reordena la lectura del resto del año.

La crisis colorada no terminó en ruptura. Terminó en renovación.

Durante meses, la lectura dominante sobre el Partido Colorado fue la de un partido-Estado en tensión, con la disidencia interna más visible que en ningún ciclo anterior. Esa lectura no era falsa. Pero era incompleta. Porque confundía tensión con debilidad, y son cosas distintas.

El resultado de las internas fue inequívoco: Honor Colorado se consolidó como el único movimiento con estructura nacional real del coloradismo, imponiéndose en la enorme mayoría de las intendencias y dejando a la disidencia reducida a plazas aisladas. La maquinaria no se rompió. Se reordenó.

Pero el dato que de verdad importa no es que ganó el oficialismo. Es cómo lo hizo. En Asunción, la candidatura colorada no fue para el perfil clásico del aparato. Fue para Camilo Pérez, presidente del Comité Olímpico Paraguayo, sin una sola elección previa en su biografía, que se impuso con el 62% de los votos frente al 33% de Arnaldo Samaniego, exintendente, senador y figura tradicional del partido. Ochenta mil votos contra cuarenta mil. La cifra no admite interpretación ambigua.

El oficialismo no salió a defender a su clase política tradicional. La jubiló.

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El cartismo aprendió a usar el manual del outsider

Hace pocas semanas escribí en este blog sobre el nuevo manual del outsider latinoamericano. La tesis era que Bukele no inventó el antiestablishment: lo que hizo fue demostrar que funciona, y que desde entonces cada ciclo produce candidatos que intentan leer ese manual. Unos lo copian mal. Otros lo adaptan.

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Lo que el 7 de junio mostró es el capítulo que ese manual todavía no tenía escrito: qué pasa cuando la maquinaria tradicional lee el manual del outsider y se lo pone de uniforme.

Porque el patrón de Asunción se repitió. En Encarnación, donde se cerraba casi once años de un mismo mandato, la interna colorada la ganó Sebastián «Cheba» Remesowski, un diputado conocido por programas deportivos barriales, con el 76% de los votos, por encima de tres rivales con mucha más antigüedad partidaria. En Ciudad del Este, la plaza donde el hartazgo ya había estallado en las extraordinarias de 2025, el coloradismo ordenó su oferta detrás de un perfil nuevo. La constante no es ideológica. Es de casting: el partido del aparato decidió competir con caras de renovación.

Y aquí está la distinción que conviene retener, porque es la que separa el análisis de la crónica: una cosa es el outsider que derrota a la maquinaria. Otra, mucho más difícil de batir, es la maquinaria que aprende a parecer outsider. El primero es noticia. El segundo es estrategia.

La ola antiestablishment no quebró al coloradismo. El coloradismo la leyó, la absorbió y la convirtió en su propia oferta electoral. Para cualquier consultor que asesore a la oposición, esa es la mala noticia del 7 de junio: el adversario ya no se va a presentar con la cara que esperaban combatir.

La oposición eligió el centro y con eso eligió un riesgo

En marzo señalé que la oposición tenía, por primera vez en mucho tiempo, un incentivo real para la unidad. Las internas confirmaron la primera mitad de esa hipótesis y dejaron la segunda en suspenso.

El PLRA resolvió su conducción interna a favor de Alcides Riveros, intendente de Fernando de la Mora, que se impuso con el 49% frente al 19% de Éver Villalba, el polo más crítico al Gobierno, y el 10% de Dionisio Amarilla, el más cercano al oficialismo colorado. Es decir: al ganar el centro, perdieron los dos extremos.

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Esa apuesta tiene una lógica clara. Un liderazgo pragmático y de centro es el único perfil capaz de sostener una negociación de unidad con el resto de las fuerzas opositoras de cara a octubre, y después a las internas de 2027. La unidad no la construye el que tiene más razón: la construye el que puede sentarse con todos sin romper.

Pero el pragmatismo tiene un costo, y conviene nombrarlo sin anestesia: un centro que negocia bien pero no moviliza no es una estrategia ganadora; es una moderación elegante camino a la derrota. La participación liberal rondó el 30%, muy por debajo de la colorada. La oposición eligió el perfil que hace posible la unidad. Que lo posible se vuelva real, y sobre todo que se vuelva voto, es la pregunta abierta de los próximos meses.

El dato que casi nadie miró: la participación

Mientras los titulares discutían nombres, el dato más estratégico de la jornada pasó relativamente desapercibido. La ANR movilizó a una participación del 50%, la más alta en sus internas desde 2015, con cerca de un millón y medio de votantes coloradas en las urnas. Y no fue uniforme: Asunción rondó el 50%, Encarnación el 41%, y otras plazas quedaron por debajo.

En marzo escribí que en Paraguay había un electorado potencial enorme que los partidos no estaban activando. El 7 de junio el coloradismo respondió a esa observación de la manera más contundente posible: demostró que su maquinaria sigue siendo capaz de mover a su base a niveles históricos. La participación no mide entusiasmo. Mide estructura. Y la del Colorado sigue siendo la más aceitada del país.

La asimetría territorial es, además, un mapa de calor para quien sepa leerlo: te dice dónde está la energía del oficialismo y, por descarte, dónde están sus costuras. Esa lectura -dónde el aparato llega sobrado y dónde llega justo- vale más que cualquier titular de quién ganó.

Lo que cambia para octubre (y para 2028)

Quedan poco más de tres meses hasta el 4 de octubre. Las internas no decidieron la elección, pero sí redibujaron el tablero sobre el que se va a jugar. Tres lecturas, para quien tenga que tomar decisiones y no solo comentarlas:

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Primera: la carta de la renovación ya está jugada. Los candidatos que ganaron con perfil de renovación tienen ahora un problema de coherencia. Ganaron como caras nuevas; si en octubre comunican como aparato, el votante lo nota. El riesgo del oficialismo es ganar como renovador y gobernar el relato como maquinaria. Ahí hay una grieta, y es la única que la oposición puede ensanchar.

Segunda: el centro opositor solo paga si se convierte en territorio. La apuesta pragmática del PLRA fue correcta como gesto de unidad. Será insuficiente si no se traduce en presencia, en relato y en movilización. La moderación sin territorio es rendición con buenos modales.

Tercera: 2028 se está construyendo ahora. Como ya planteé en La batalla por las ciudades, quien gane una intendencia relevante en octubre con una gestión comunicacionalmente inteligente tendrá dos años para convertir esa ciudad en una plataforma nacional. Las internas no eligieron alcaldes. Empezaron a elegir presidenciables.

La tesis de fondo se sostiene, y por eso la repito: en Paraguay, como en casi toda la región, lo local anticipa lo nacional. El 7 de junio no fue el preludio de la campaña municipal. Fue el primer capítulo de la presidencial de 2028.

Rumbo a Paraguay 2028

El método antes que el pronóstico

Nada de lo anterior es adivinación. Es lectura disciplinada de un resultado, que es exactamente lo que distingue a un diagnóstico de una opinión. Lo mismo que hicimos en Costa Rica, donde una candidatura que partía con 8-9% terminó con el 33,4% de los votos: no por una idea brillante, sino por leer correctamente el estado de ánimo del electorado y ejecutar con disciplina. El método antecede al milagro, y el método empieza por entender lo que la elección anterior ya te dijo.

Las internas paraguayas ya hablaron. La pregunta no es si las escuchamos. Es si las leemos a tiempo para octubre.

En este día...

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