Seguimos impresionados por la letalidad de la pandemia del coronavirus o COVID-19, por cómo la naturaleza se está abriendo paso en nuestras agitadas vidas, y como sin duda, la vida y nuestra sociedad han cambiado. Pero… ¿ y qué hay de la comunicación de gobierno en crisis?
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Aún recuerdo mi primera vez y participación en la V Cumbre Mundial de Comunicación Política. Luciana Panke y Marina Rafaelli, a las que conocí en un Congreso de Comunicación Política en Puebla, me hablaban de la Cumbre y de todas las experiencias que se compartían, y lo interesante que era asistir. Además me presentaron a Daniel Ivoskus, con el que rápidamente conecté (como no hacerlo con un tipo como Dani).

A las pocas semanas recibía una invitación para compartir mi visión de la comunicación política en un evento al que nunca había asistido, pero del que me habían hablado maravillas. Debo reconocer que con más escepticismo que otra cosa, allí que me planté, con mi ponencia:

Política del siglo XXI y ciudadanía digital. Estrategias para una comunicación política eficaz, ética y democrática

Posteriormente muchas amistades, muchas experiencias, muchos colegas de profesión, infinidad de intercambio de reflexiones y grandes amistades, un viaje de regreso a casa algo «ajetreado» y mi vida como consultor en comunicación comenzó a hacerse más pública.

Me extiendo hablando de mi primera experiencia en la Cumbre porque fue mi primera ponencia multitudinaria en el mercado de la consultoría política, y lo que intenté fue reforzar una premisa básica: la importancia de los valores 2.0, de la comunicación ética y veraz. Al igual que ya lo viniera haciendo en asesorías a instituciones o talleres de gobierno abierto con organismos internacionales como la CEPAL de Naciones Unidas, sin una comunicación ética y democrática, no hay convencimiento ni certeza.

A muchas amistades como a Dani, que me lo recuerda casi siempre que nos vemos, le sorprendió las veces que dije la palabra ÉTICA en mi ponencia, tanto así, que en el vídeo resumen de la Cumbre, donde aparecen fragmentos de los diferentes expositores, siempre recuerda que de mí aparecía: «ética, ética, ética» y es que creo que es la clave en la comunicación, siempre que persigamos una comunicación democrática. Siempre ha sido muy necesaria, y ahora, en tiempos de coronovirus, aún lo es más.

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Tanto la política como la comunicación requieren de una nueva manera de comunicar, más en momentos de crisis.

Ejemplos muchísimos, ya vemos como políticos y partidos, en cualquier parte del planeta, se dedican constantemente a insultarse y a ponerse la zancadilla, a aprovechar el error del contrincante para hacer escarnio público en lugar de sumar y remar en un mismo barco, e igualmente como los que están en el gobierno, intentan informar de forma parcial o incluso torticera.

La comunicación política será eficaz para la sociedad si respeta, potencia y difunde los valores 2.0

Y ahora que vivimos tiempos convulsos, es el momento de recuperar la importancia de una comunicación política que sea veraz, apegada a los valores del 2.0 y que sobre todo, que aporte certidumbre, enriquezca el debate público con argumentos sólidos, sin huir de la crítica, pero siempre constructiva. Si algo creo que falta, si algo la ciudadanía busca, es la verdad y la certeza de lo que está pasando.

En esta nueva Sociedad 2.0, en la que desaparecen los papeles predominantes de intermediación de partidos políticos y sindicatos, surgen nuevos modelos de articulación y movilización ciudadana, colectivos que basan su funcionamiento no en la anarquía, sino en los valores de la ética hacker.

Partidos y sindicatos que pierden el respaldo de la base social por una total desconfianza de la ciudadanía hacia estructuras políticas del pasado, muy relacionadas con el control, la fuerte jerarquización y centralización del poder, ocultación de información y opacidad, sumado al descrédito y la corrupción.

En mi opinión, tanto asesores como responsables de comunicación y, por supuesto, políticos en el más amplio sentido de la palabra, debemos en este momento, más que nunca, asimilar y hacer nuestros los principios del Gobierno Abierto: Transparencia, Participación y Colaboración.

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Cada día son menos la voces que puedan defender la transparencia de muchos gobiernos a la hora de contarnos qué era esto del #COVID-19 y cuál era la situación real, en ocasiones de forma consciente y en otras muchas por ineficiencias.

Basta decir que los gobernantes y representantes públicos comenten errores, pues se parte de un desconocimiento, de una oscuridad que sólo la ciencia puede convertir en luz. Pero los hechos no deberían ser deformados, iluminados solo en la parte que convengan, sino expuestos con un mínimo de consenso, pero una gran voluntad de hacer participar a la sociedad de las soluciones.

De nuevo debo decir que el gobierno abierto no es una web institucional que cumple determinados objetivos, sino una cultura política, que se construye a partir de una íntima convicción: que el gobierno está al servicio de los gobernados y nunca del gobernante.

Mientras, la ciudadanía permanece encerrada en sus casas, demandando una sola cosa, certidumbre. Preguntas que todos nos hacemos: ¿Qué está pasando? ¿Cuándo se acabará ésto? ¿Qué hay que hacer para acabar con esta pandemia? ¿Cómo me contagio? ¿Cómo puedo aportar? y otras muchas se amontonan en nuestra cabeza, en las video-tertulias, en los noticieros…

Y por eso, la Credibilidad, se convierte en un ingrediente esencial para poder comunicar y movilizar (o en este caso -desmovilizar-).

Solo es posible una comunicación de gobierno eficaz en estos momentos: el respeto democrático a las profundas raíces del bien gobierno: verdad, cooperación interpartidista, corresponsabilidad colectiva y altas miras.

¿Pero qué están haciendo los líderes mundiales?

Si hacemos un repaso de las estrategias comunicativas de los gobiernos en esta crisis de la COVID-19, comprobamos que, en una primera fase, huyeron de cualquier declaración pública, dejando en manos de los expertos la valoración de la situación en los respectivos países. En el peor de los casos, las manifestaciones fueron desde la rebaja de al gravedad de la pandemia o, como en el caso de López Obrador, encomendarse a los poderes divinos.

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Sin embargo, conforme la pandemia se agravó, y se presentaba ante la sociedad el problema como una batalla (las metáforas bélicas han sido tan manoseadas que han perdido su propio valor para explicar el escenario), era necesario exponer los liderazgos.

Se han sucedido discursos televisivos en horario de máxima audiencia (si Churchill hubiera podido cobrar los royaltis por el uso de sus palabras se habría podido comprar una casa en el Sur de Francia), comparecencias semanales, a la manera de Roosevelt y sus charlas en la chimenea durante la Gran Recesión del 29, y conferencias telemáticas.

Política de la palabra en tiempos de confinamiento

Las peculariedades de la pandemia han marcado la comunicación política, pues ha primado el discurso a la escenificación del mensaje, reducida a los espacios del poder: despachos oficiales y salas de prensa, además de las tribunas de los parlamentos. Eso sin olvidar los videos de Johnson durante su confinamiento en Downing Street al dar positivo por coronavirus.

Sólo cuando se han relajado las medidas de confinamiento hemos visto visitas a centros médicos, hospitales de campaña o fábricas (que producían equipamientos básicos como mascarillas o respiradores) en apoyo a los servicios esenciales.

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Ha sido Trump quien ha elevado el listón con la entrevista para FOX NEWS celebrada en el Memorial de Lincoln, donde ha respondido a las preguntas de los estadounidenses bajo la sombra (pura retórica) del presidente que acabó con la esclavitud. En plena precampaña ha quedado claro quien ostenta la magistratura más alta del país; por contra, su adversario demócrata, Joe Biden, se ha tenido que contentar con vídeos grabados en su despacho.

De nuevo, Trump ha sido muy Trump con sus remedios contra el coronavirus. Aquello de proponer inyecciones de lejía o el uso de lámparas ultravioletas (para la desinfección) con humanos han sido las salidas habituales de quien es capaz de decir a renglón seguido que sin ser un especialista es alguien con un «buen cerebro».

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Sobra decir, por un lado, que la mayoría de los gobiernos han dejado en mano de los expertos médicos (la estrategia de nombrar portavoces a los ‘batas blancas’) las explicaciones más técnicas, aunque los líderes han tenido que lidiar con cambios de criterio, fruto de la propia evolución de la pandemia y los nuevos descubrimientos sobre el virus.

Por otra parte, los consejos médicos han copado las campañas institucionales.

Jacinda Ardern triunfa con su política empática

Un caso a destacar es el de la primera ministra neozelandesa, Jacinda Ardern. Ha recibido un aplauso global por la gestión sanitaria de la pandemia, con un seguimiento de los primeros casos minuto a minuto y unas medidas de alivio con beneficiosos efectos. Sea dicho de paso que las islas cuentan con un plus en esto de las crisis sanitarias: mayor y mejor control de fronteras, seguimiento de flujos de población, en algunos casos, menor densidad de población, etc.

Ardern ha usado la empatía, imprescindible en una persona líder. Conectar con el estado de ánimo de la sociedad, con sus miedos, pero también con sus fortalezas ayuda al éxito de la comunicación en tiempo de crisis. Su lenguaje no ha sido belicoso, no se ha presentado como la comandante en jefe (usamos la figura estadounidense que tanto contagia la comunicación política presidencialista), sino ha recordado al pueblo neozelandés aquello que les une: el gran sentimiento de comunidad.

Muy inteligente este cambio de marco discursivo, lo que permite además el uso de las redes sociales de manera más personal. La primera ministra ha comparecido como una ciudadana más en sus discursos en Instagram.

En esta primera aproximación no he querido entrar en las estrategias políticas de cooperación y consenso, o de enfrentamiento seguidas por los gobiernos y las minorías parlamentarias. Será tema para otro post.

Para terminar, me gustaría saber tu opinión sobre cómo los gobernantes ser han enfrentado a esta crisis desde el punto de vista de la comunicación, y si tienes ejemplos de buenas prácticas serán bienvenidos por toda la comunidad que nos dedicamos a la comunicación política.

En este día...


Ramón

Apasionado del Conocimiento Libre y de las personas. Autor de Software Libre y Comunicación

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