Comunicación institucional, por qué hablar de los errores y desaciertos puede aumentar la confianza ciudadana
La era de la perfección en comunicación ha terminado. En un contexto plagado por contenido automatizado, un plan de comunicaciones que solo transmita logros, corre el riesgo de ser percibido como simple propaganda.
Cuando la saturación de información es la regla, y la desconfianza hacia lo público aumenta, las instituciones no pueden limitarse a comunicar solo los aciertos de su gestión. Hoy, el gran valor de la comunicación se vuelca hacia su capacidad de transparencia y de conectar emocionalmente con las audiencias. En este primer acercamiento me permito recomendarte la lectura de 7 claves de la comunicación política en la Sociedad-Red. Conectar con la ciudadanía y generar movilización si quieres profundizar en materia.

La ciudadanía percibe cada vez con mayor facilidad discursos prefabricados, logros inflados o resultados tan perfectos que no parecen reales. Por lo tanto, la comunicación pública debe ser capaz de integrar y divulgar no solo lo bueno como una apuesta para lograr una mayor credibilidad y cercanía.
A continuación, veremos por qué es clave incluir también los aspectos negativos o las áreas de mejora en un plan de comunicación institucional, y cómo hacerlo sin perder autoridad ni confianza.
Qué es y para qué sirve un plan de comunicaciones
La imagen de una institución pública no se define solo en redes o medios de comunicación, sino en la capacidad de comunicar forma activa, pertinente e integral su gestión. Para evitar improvisaciones y mensajes dispersos, es clave contar con un plan de comunicaciones: un documento rector que establece objetivos, estrategias, herramientas y recursos para guiar la comunicación institucional y sus crisis.
Este plan permite no solo fortalecer la imagen y reputación del organismo, sino también mantener informada e involucrada a la ciudadanía en los procesos de gestión. Su efectividad depende de la coherencia entre lo que se hace y lo que se comunica, privilegiando siempre la transparencia, la calidad del mensaje y la oportunidad en la divulgación.
¿Por qué no hablar solo de lo bueno?
Comunicar logros y resultados es clave para construir una imagen positiva, pero hoy ya no es suficiente. Dicha imagen no solo se construye a través de los resultados, sino de la capacidad de conectar con la ciudadanía desde otro enfoque como puede ser el de transparencia y confianza. O lo que es lo mismo, mediante estrategias de gobierno abierto.
En la mayoría de los casos, las instituciones públicas son percibidas como distantes, burocráticas o poco útiles para el bienestar de la gente. Esa percepción alimenta el desencanto democrático y aumenta la baja participación en lo público.
Por eso, innovar en los enfoques de comunicación es cada vez más urgente. Al respecto, no basta con difundir cifras o discursos técnicos: es necesario abrir diálogos más naturales, horizontales y reales con la ciudadanía. En consecuencia, una estrategia de comunicación asertiva y efectiva no debería limitarse a exponer lo positivo, sino también reconocer lo que falta, los retos y las limitaciones de la gestión.
Esto no significa hablar desde el fracaso, sino desde una narrativa transparente y coherente, que permita construir confianza y una relación más horizontal entre instituciones y ciudadanía.
5 beneficios de incluir lo “no tan bueno” en la comunicación institucional
Aunque no suele ser un enfoque común, incluir resultados negativos o aspectos por mejorar es clave por varias razones:
- Aumenta la credibilidad y confianza: el reconocimiento de las falencias en la gestión demuestra transparencia en la misma y evita la percepción de propaganda o manipulación.
- Ayuda en la gestión de expectativas: cuando solo se habla de lo positivo, cualquier error o falla en la gestión tiende a ser más significativo. Una narrativa equilibrada permite hablar desde los avances, pero también desde los retos que persisten.
- Prevención de crisis: cuando se habla estratégicamente de retos o problemas no resueltos, se evita que estos sean explotados por medios de comunicación o contradictores en escándalos o crisis. Lo que se muestra no genera dudas.
- Participación ciudadana: cuando se comunican de manera asertiva las debilidades, se puede abrir un diálogo ciudadano para encontrar soluciones de manera conjunta. Es una buena estrategia para movilizar alianzas privadas, donaciones y otros apoyos en la solución común de un problema.
- Legitimidad institucional: en un contexto de desconfianza institucional y política, reconocer limitaciones o fallos, es una oportunidad para transmitir humanidad, confianza y cercanía.
4 claves para diseñar un plan de comunicaciones con una narrativa asertiva
En comunicación política sabemos que todo, o casi todo, es una cuestión de lenguaje, y que las narrativas son las que realmente construyen realidades. Hoy, cuando la ciudadanía está harta de manipulación, propaganda y exceso de comunicación vacía, hay una gran oportunidad para conectar desde otros lenguajes o enfoques.

Por ello, un plan de comunicaciones que contribuya a esto, deberá estar basado en una narrativa diferente. Esto no implica hablar desde el fracaso, sino de transformar las limitaciones o lo aparentemente negativo en nuevas oportunidades. Veamos cuatro claves para diseñar un plan de comunicaciones en este sentido.
- Datos y contexto
Ya sea para destacar logros o explicar aquello que aún no avanza, los datos son indispensables. Un mensaje sin cifras ni evidencias corre el riesgo de sonar vacío o propagandístico. Incluso, cuando los resultados no son del todo positivos, es posible mostrar avances, tendencias de mejora o impactos parciales que respalden la gestión.
Por otra parte, comunicar de manera asertiva también implica situar esos datos en su debido contexto. No siempre la falta de resultados significa una mala gestión, por el contrario, a menudo intervienen factores externos (económicos, sociales o climáticos) que escapan al control institucional. Por ende, explicar estas variables de manera sencilla y transparente no solo otorga credibilidad, sino que transmite un mensaje de compromiso y responsabilidad frente a la ciudadanía.
- Narrativa y lenguaje en clave de oportunidad o aprendizaje
El lenguaje tiene un poder performativo muy importante, esto implica que a través de él se pueden transformar la percepción de algo aparentemente negativo, en algo positivo: aprendizaje u oportunidad.
Por eso, en un plan de comunicaciones resulta estratégico utilizar narrativas que conviertan los desaciertos o limitaciones en aprendizajes. Así, en lugar de ocultar las metas no alcanzadas, se pueden presentar como pasos necesarios dentro de un proceso más amplio de crecimiento y fortalecimiento institucional.
Por ejemplo, un error, planteado desde un enfoque propositivo, deja de ser un lastre para convertirse en experiencia acumulada. Explicando qué se aprendió, qué áreas se identificaron como prioritarias y qué acciones se pondrán en marcha, se logra transmitir a la ciudadanía un mensaje de transparencia, resiliencia y capacidad de adaptación institucional.
En este sentido, la trazabilidad es clave: mostrar tanto los logros como las lecciones aprendidas, reforzando la idea de gestión responsable. Por ejemplo, ante un proyecto que no pudo cubrir a toda la población esperada, el mensaje podría ser:
“Logramos atender al X% de los beneficiarios, pero este proceso evidenció que en las regiones A y B necesitamos reforzar nuestra capacidad logística. Ya hemos iniciado un plan para ampliar la cobertura en la próxima fase.”
Este tipo de comunicación no maquilla la realidad: la contextualiza, la hace comprensible y, sobre todo, genera confianza al mostrar que los errores sirven para mejorar.
- Divulgar e implementar acciones de mejora
Más allá de hablar con transparencia de las limitaciones en la gestión, o de aquellos resultados que no se alcanzaron en su totalidad. Es importante acompañar lo anterior con el diseño de estrategias de acción para mitigar aquellos resultados que no fueron satisfactorios.
Es decir, no solo se trata de señalar aquello que falta, que no se logró o falló, sino hablar en términos propositivos y detallar qué acciones se van a implementar para garantizar resultados más positivos. Esto puede ir desde un cambio en una política o estrategia, hasta el trabajo con nuevos actores, financiadores u organismos que fortalezcan la gestión de la institución.
- Abrir espacio a la participación y colaboración ciudadana
Estratégicamente, la transparencia y asertividad en un plan de comunicaciones abre la puerta al fortalecimiento de la participación e integración ciudadana en lo público. Cuando se habla no desde los errores o el fracaso, sino desde las oportunidades y aspectos por mejorar, se genera un espacio más horizontal para no solo comunicar sino también escuchar.
No solo se trata de transmitir o de divulgar en un foro público la gestión de la institución, este espacio también puede usarse para escuchar, convocar a gremios, mesas sectoriales, organizaciones y otros sectores de la ciudadanía, para aportar a las soluciones y hacer parte de nuevos procesos de gestión.
Mostrar limitaciones o debilidades, es una oportunidad para convocar a los sectores afectados, para hacer parte de la solución y contribuir a soluciones más efectivas. Un mensaje en clave de participación e inclusión sería: “identificamos que en las regiones A y B, necesitamos aumentar nuestras capacidades institucionales, por eso abrimos una mesa de consulta y participación ciudadana de dos semanas para priorizar las necesidades de los habitantes en dichas áreas”.
La transparencia como estrategia de confianza
Como acabamos de verlo, lejos de ser una equivocación, una comunicación institucional integral, capaz de divulgar tanto los logros como los desaciertos desde una narrativa de oportunidad, es capaz de abrir espacios para el diálogo ciudadano y de crear nuevos escenarios para la acción y el fortalecimiento institucional.
En tiempos de saturación informativa y desconfianza hacia lo público, comunicar desde la transparencia deja de ser un riesgo para convertirse en una ventaja estratégica que mejora la autoridad y la reputación institucional.
La transparencia como estrategia: por qué comunicar también lo que no sale bien fortalece la credibilidad institucional.
Diseñar estrategias de comunicación efectivas exige ir más allá del discurso perfecto. Si tu institución o gobierno busca fortalecer su credibilidad, conectar con la ciudadanía y construir una narrativa más humana y transparente, desde nuestro equipo de consultoría política te ayudamos a desarrollar planes de comunicación estratégicos, auténticos y orientados a resultados.
Nuestra experiencia trabajando con numerosos gobiernos nacionales y regionales en toda Iberoamérica, así como con organismos internacionales como CEPAL, PNUD, CLAD o BID, nos respalda para acompañarte en el diseño de estrategias que fortalezcan la confianza y la legitimidad institucional.
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En estos momentos que estoy estudiando GOBIERNOS DEL FUTURO, ANTICIPATORIOS Y PROSPECTIVOS, me parece este tema fundamental para FORTALECER la LEGITIMIDAD…Gracias por compartir…!
Gracias a tí, coincido.
Saludos,
RAMÓN