En los últimos años, han vuelto a resurgir tensiones entre los enemigos más antiguos y conocidos, Rusia, China y Estados Unidos; no solo en términos militares convencionales, económicos y un largo etcétera, sino en el llamado “ciberespacio”. ¿Y qué decir del actual enfrentamiento Ucrania – Rusia? o lo que es lo mismo OTAN-USA vs Rusia, tema que nos tiene en vilo desde hace ya meses.

El tiempo nos ha ido demostrando que la guerra fría nunca ha terminado realmente y que, de hecho, ha ido evolucionando hacia un conflicto mutable en el que nuevos países se han convertido en un nuevo competidor en lugar de en aliados de los «protagonistas».

cyberwarfare

Los ataques cibernéticos no se limitan solo a estos tres protagonistas. Países como por ejemplo Israel, que fue acusado (y que no ha negado) de haber hecho ciberataques contra el sistema de comunicaciones de Irán, se están sumando a esta tendencia. Estos ataques impactan directamente la seguridad de una nación. Un sistema vulnerado significa una nación vulnerada, comprometida y con fallos en su propia protección, lo que nos lleva a un nuevo concepto global: guerra cibernética (cyberwarfare).

A medida que avanzamos a una época en donde los conflictos de la geopolítica comienzan a darse en el ámbito digital, tenemos el nuevo equivalente de la carrera armamentista: la carrera de las defensas cibernéticas. Casi cualquier país que se precie tiene su división de cyberdefensa o incluso, una por cada cuerpo del ejército y de los cuerpos de seguridad del Estado.

Los símbolos predominantes y visibles de la guerra fría fueron las ojivas nucleares, que se usaban también herramientas más sigilosas: fantasmas, vigilancia e inteligencia. El fin era socavar al enemigo sin exponerse de ninguna forma. Los métodos a usar eran poco convencionales: los soviéticos monitoreaban a todos los ciudadanos extranjeros, mientras que la CIA utilizaba ratas muertas y ahuecadas como “buzones muertos”, definido por Wikipedia como

“método que se utiliza para pasar elementos o información utilizando una ubicación secreta, de forma que no hace falta que remitente y destinatario se encuentren en persona. Se usa a menudo en operaciones de espionaje y clandestinas”.

La desinformación se dio en forma de operaciones camufladas, militarización de los medios e incluso panfletos en la era del pre-internet.

La Guerra Fría, ese conflicto de disputa ideológica, ahora se desenvuelve en el ciberespacio. Espionaje militar, intromisión en elecciones, campañas de desinformación, robo de data, todos han evolucionado. Los ciberataques han subido la temperatura considerablemente, pues la línea entre la agresión patrocinada por el Estado y la criminalidad privada se vuelve borrosa.

cyberguerra fría ucranica-rusia

En el caso de los rusos, el informe Mueller alega el “cómo la inteligencia militar rusa accedió a las computadoras del partido demócrata para robar información, publicando correos que perjudicaron al partido” entre otras cosas.

Hace algunas décadas, hacer algo como esto habría conllevado una conspiración que implicara mucho dinero, recursos extranjeros y agentes. Este tipo de ‘operaciones’ ahora pueden llevarse a cabo desde un escritorio o teléfonos inteligentes por un reducido equipo de personas con los conocimientos necesarios. Lo que nos lleva a un nuevo dilema: actualmente, las naciones están trabajando y recurriendo con organizaciones criminales para hackear e irrumpir en las plataformas cibernéticas de otros estados, lo que permite a organizaciones criminales magnificar sus recursos, pues su proveedor pasa a ser un estado nación, ¿y qué mejor fuente de recursos que esa?.

En este día...


Ramón

Apasionado del Conocimiento Libre y de las personas. Autor de Software Libre y Comunicación

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