Son semanas de intenso trabajo en México y otros países de Latinoamérica las que me han apartado del blog. Pero quiero hacer un descanso en el camino para compartir una satisfacción: el haber sido incluido en un interesante reportaje sobre el uso de la tecnología y el poder de los datos (Big Data) en las políticas y las campañas electorales. 

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Agradezco a Bruno Pardo Porto, del diario español ABC, por su interés en mi trabajo y situarme como uno de los asesores políticos destacados en su reportaje ‘El imperio de los datos: la nueva política ya lo sabe todo sobre ti’, publicado el pasado 17 de mayo

El artículo aborda una realidad en la gestión de campañas electorales: el procesamiento de datos para establecer acciones muy segmentadas sobre públicos específicos, sobre perfiles que se han establecido en función de vinculaciones. No se trata tanto de los datos sino de la relación que tienen unos datos con otros.

En el reportaje se incluyen reflexiones como la anterior y mi opinión del desarrollo de estas tecnologías en España y Latinoamérica. 

Para ampliar esta información, comparto en este post las respuestas a las preguntas que Bruno Pardo Porto me envió a modo de entrevista:  

—¿Qué importancia ha tenido el uso de la tecnología y la minería de datos en las últimas campañas en las que ha trabajado?

Mi trabajo en una campaña electoral se centra en elaboración de estrategias políticas y en diseño de acciones en tecnopolítica. Por lo tanto, la tecnología forma parte de mi labor diaria en las campañas. Y de todas, porque no se puede olvidar que las campañas políticas han fusionado el espacio público donde se celebran, es decir, no hay diferencia entre el físico y el digital. A día de hoy, una campaña sin tecnología y Big Data nace perdedora.

—Data o nada. ¿Está de acuerdo con esta afirmación en relación a las campañas electorales?

Sí. Pero siempre ha sido así: para elaborar estrategias y plasmarlas en acciones necesitamos datos. No es nuevo. Otra cuestión es el procesamiento, análisis e interpretación de ingentes cantidades de datos. Hoy es posible por la inteligencia artificial, en su versión de automatización y el aprendizaje automático. Aparte de los estudios tradicionales de opinión, cualitativos y cuantitativos, en la actualidad tenemos a disposición herramientas para la escucha activa de la conversación local o nacional. Lo anterior en cuanto a conocer la opinión política expresada, pero esa opinión política se construye a partir de datos que como usuarios vamos dejando, a partir de la huella digital que todos tenemos. Y ahí está el reto democrático: no todo vale en la recopilación y tratamiento de datos. Y aún menos en un uso inadecuado, desde el punto de vista ético, de esa información. Se usa para una segmentación manipuladora del votante, como hemos visto en recientes campañas.

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—¿Cree que este campo de trabajo en la política está más desarollado en América que en España?

España aún está a años luz de Iberoamérica y Estados Unidos en este campo. Aquí hay mucha mayor profesionalización de la comunicación, se cuenta con mayores presupuestos, herramientas, equipos, y especialistas en innumerables
áreas. Y no es tanto por la legislación como por la falta de inversión. En España, cada vez más los partidos han perdido la hegemonía del conocimiento electoral, en todos los niveles. Ahora se recurre a empresas para la estrategia, no solo para cuestiones más cercanas a la publicidad. De hecho, trabajo con una empresa española que ha desarrollado un software de organización electoral.

—¿Cuáles son las herramientas tecnológicas más interesantes con las que has trabajado?

Son muchas. En el campo de la organización de la campaña en tierra, activistas, agenda, captación de recursos, etc, podemos citar Nation Builder, Quilt, Majoritas,… Respecto a la escucha activa trabajamos con empresas que han desarrollado sus propios modelos y nos aportan sus informes de interpretación sobre el humor social, por ejemplo. 

—A estas alturas de desarrollo de la inteligencia artificial y el Big Data, ¿qué cosas se pueden hacer y en qué avances se está trabajando?

He hablado ya de los límites éticos. Todas las tecnologías los tienen. Es un debate permanente. Me remito a los verdaderos expertos en la materia. Al igual que en su límites formales: hasta dónde puede llegar la inteligencia artificial, ¿a pensar por sí misma? Los avances más importantes serán en el uso de la inteligencia artificial para la toma de decisiones, tanto en el sector público como privado, donde sí está en una fase más que incipiente. 

—Estos avances de la tecnología, ¿crees que están mejorando la política? ¿O solo la hacen más eficaz?

Estos avances deben fortalecer la democracia. La pregunta que nos debemos hacer al hablar de tecnología y política es, a mi juicio: ¿este avance fortalece la política, como actividad colectiva, participada, plural? La pregunta no es si el avance nos hace más fácil la vida o amplifica la inteligencia humana. La clave es hacia dónde dirigimos el potencial de la tecnología. Para mí, la política eficaz es la política que fomenta la participación, es transparente, abre el conocimiento a todos y se conduce al bienestar de las personas en libertad. 

Repasa otros posts sobre el Big Data y las campañas electorales en este enlace.

En este día...

Categories: comunicación

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