Nota de actualización (octubre de 2026). Escribí este texto en 2012, cuando la ciudadanía digital se jugaba sobre todo en el acceso a la tecnología, el software libre y los estándares abiertos. Esas reivindicaciones siguen vigentes, pero el terreno ha cambiado: hoy la ciudadanía digital también se juega en cómo nos informamos, en qué creemos y en quién nos explica la realidad. Lo cuento al final, en Ciudadanía digital en 2026.
¿Qué es eso de ciudadanía digital? ¿realmente afecta lo digital a la ciudadanía en su conjunto? Comencemos con el principio, mucha gente sigue pensando que el mundo digital ni le va ni le viene, que es algo de los jóvenes o de los frikies, de aquellos que tienen computadora o smartphone de última generación y que están constantemente enganchados a la Red. 
Y es cierto en parte, el mundo digital afecta clara y abiertamente a esas personas o ciudadanas, pero olvidan que también lo hace sobre el resto. Hoy en día todos y todas, de una u otra manera participamos de esta nueva Sociedad, que independientemente de connotaciones más o menos marketinianas o sonoras «2.0, socialmedia, cyber, open,…» nos afecta en una u otra medida:
- ¿O es que no nos afectan los recortes en prestaciones y servicios públicos recientes que podríamos llamar la de la crisis 2.0? por llamarle de una manera a esta crisis de valores que comenzó como el negocio de duros a cuatro pesetas o también denominadas «hipotecas subprimes». El ejemplo más claro en este sentido, se plantea cuando para «rescatarnos de esta gran burbuja 2.0» nos presentan recortes, congelaciones,…. que no serían necesarias si se hubiese apostado por software libre.
- ¿No es importante que nuestros datos más íntimos, por ejemplo los médicos, estén bien custodiados y sin que tengan accesos corporaciones privadas?
- ¿No nos afecta a todos como se forma a nuestros escolares y nuestra futura generación de profesionales?
- ¿No nos afecta que nos obliguen a usar unas u otras marcas para comunicarnos con nuestras instituciones a la hora de gestionar trámites administrativos?
Las respuestas a estas preguntas son evidentes, ¿no? Por eso, son importantes conceptos como neutralidad comercial, independencia tecnológica, eficiencia en inversión en sistemas de la información, soberanía tecnológica, seguridad nacional, independencia de sistemas y proveedores,… y por eso es importante que como parte de la ciudadanía digital que somos, nos sintamos más o menos parte de la misma, reivindiquemos a nuestros responsables políticos LIBERTAD y SOBERANÍA TECNOLÓGICA, y a los responsables tecnológicos que cumplan con su misión, la de gestionar los recursos públicos de la forma más eficiente posible, para lo cual, solo hay un camino, el software libre y los estándares abiertos.
Todos formamos parte de esta nueva Sociedad, que nos convierte en ciudadanos digitales, y por ello, debemos reivindicar que las tecnologías no se usen como moda o como arma de discriminación, sino como la herramienta que nos hace ciudadanos más libres, más integrados e interrelacionados, tendiendo a una verdadera Sociedad 2.0 en la que todos y todas podamos decidir y no sean las corporaciones tecnológicas las que lo hagan por nosotras.
Ciudadanía digital en 2026: lo que ha cambiado
En 2012 el debate era el acceso: quién tenía conexión, quién controlaba el software y si las administraciones usaban estándares abiertos. Catorce años después, el acceso sigue siendo una deuda pendiente en buena parte de Iberoamérica, pero se le ha sumado un desafío nuevo: la forma en que los ciudadanos deciden qué es verdad.
Los asistentes de inteligencia artificial ya actúan como intermediarios entre el ciudadano y la información pública. Cada vez más personas no buscan en Google, sino que le preguntan a una IA, y la respuesta llega sin fuentes visibles ni contraste. A eso se suma la desinformación fabricada con IA generativa, que ya ha condicionado elecciones reales.
Ser ciudadano digital hoy exige, además de derechos tecnológicos, criterio: saber de dónde viene una información, quién la produce y con qué intención. Y exige a los gobiernos explicar su gestión en un entorno donde quien la explica, muchas veces, es una máquina.
Para seguir leyendo:
- Los ciudadanos ya no le preguntarán a Google quién dice la verdad. Se lo preguntarán a una IA
- La batalla política ya no es solo por lo que crees, sino por cómo decides qué creer
- Gobernar cuando quien explica al ciudadano es una máquina
- Rumania, Eslovaquia y Corea del Sur: tres casos reales de IA en elecciones
- No basta con detectar deepfakes: hay que detectar ecosistemas
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