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Desde la frustración y marginación

Bueno, como decía en el anterior escrito, desde mi rinconcito de marginación y frustración, son muchos los agravios que sufro:
Primero, me tienen sentado en un rincón, en una mesa, sin reales trabajos (aunque con teóricas tareas y sin las herramientas necesarias) y junto a una ventanilla de información. Así, cada vez que se producen colas de usuarios demandando servicios o información, la gente al verme que no les puedo ayudar me suele increpar y decir comentarios como: «míralo el típico funcionario que no hace absolutamente nada».
Aunque algunos conocidos me dicen que es el sueño de cualquier funcionario, yo siempre respondo lo mismo: «Si, para aquellos que lo han elegido, pero no para mí, que soy un hiperactivo».
Por si fuera poco, mi ubicación además consigue tenerme casi en un escaparate, para que todos aquellos que pasen y me conozcan, vean en lo que me he convertido.

Segundo, sin explicaciones de ningún tipo y aunque lo he reivindicado en numerosos escritos, no me dejan usar software libre (saben que soy un férreo defensor)

Por si fuera poco, intentan en toda medida que tanto compañeros como usuarios intenten la mínima relación conmigo, en una ocasión, llegaron a gritar a una becaria cuyo único delito fue conversar un ratillo conmigo.

Además, en lugar de tenerte en el departamento de informática (junto al resto de informáticos) me tienen sentado en secretaría, sin que pueda en ningun momento tener un mínimo de concentración.

Desde mayo vengo presentando numerosos escritos y reclamaciones por registro de entrada sobre mi actual situación, sin que haya recibido respuesta alguna, y puedo aseguraros que han sido muchos los escritos.

Creo que con todos los extractos de documentos que iré también subiendo, será muy interesante ver las paradojas de la vida. Y como pasé de estar en la élite de la dirección e implementación de proyectos tecnológicos a estar en mi actual situación.